DESPUÉS DE LA DERROTA, de Paco Gómez Escribano (Ed. Alrevés)

 
 

“La Cari apareció tirada junto a unos arbustos cerca del merendero del camping de Canillejas con la chuta aún clavada en el brazo la noche anterior. Eso me convenció de que después de la derrota siempre puede haber una estación más llamada infierno”…

En verdad, en nuestra actualidad editorial y literaria estamos asistiendo a una pugna entre la novela negra española genuina, y la novela negra española colonizada.

La novela negra genuina es muy atmosférica, muy social y muy real. Está contada desde la óptica de los delincuentes perdedores, así, como para recordarle al lector que existe una dignidad que solo conocen los vencidos. Y empieza en España con los escritores Manuel Pedrolo y González Ledesma, estando la obra de estos desde el principio muy emparentada con la novela social chabolista de Rafael Sánchez Ferlosio e Ignacio Aldecoa. Pero enseguida pasa, gracias a la novela social, a ser una poética narrativa barrial sobre los perdedores que demuestran así, mediante el poder de la ficción, que el estado del bienestar se deja mucha gente atrás. 

Desde estas coordenadas, al poco fue surgiendo una novela negra muy nuestra, una con atmósfera y sello propios, que operaba en el ámbito de la excelencia noir, y la cual firmaban Juan Madrid, Andreu Martín, Julián Ibáñez, etc.

Y es que es increíble que en los jurados de los grandes festivales de novela negra no se hayan dado cuenta ya de que necesitamos la novela-enigma y el thriller porque están de moda y tienen muchos lectores, sí, pero eso no es nuestra novela negra genuina, y única, y premiable, y perdurable.

Es increíble que no se hayan dado mayoritaria cuenta de que existe un noir  español con sello propio e inmarchitable: eso, que existe la novela negra española pata negra en general, y, en concreto, existe un genuino Madrid de novela negra. 

En efecto, sí, hay un Madrid de novela negra. Y fundamentalmente es el Madrid que sale en las novelas de Juan Madrid, valga la redundancia, protagonizadas por Tony Romano (novelas potentes con las que el autor daba caña a la Transición). Y en las novelas de Carlos Pérez Marinero (hoy un clásico de la novela negra española crook storie, esto es, la que está escrita desde el punto de vista de los delincuentes). Y en las novelas del gran Julián Ibáñez… 

Pero no se puede ya entender el Madrid de novela negra, el Madrid noir, sin las novelas de Paco Gómez Escribano ambientadas todas de forma diacrónica, recurrente e inteligente en el Barrio de Canillejas-San Blas (de entre todas las obras de este autor que suceden en Canillejas mis favoritas son Phohibido fijar cárteles, que es la más graciosa por llegar a la mayor cota de humor ácido santo y seña del autor, y Narcopiso, que es su obra maestra).

¿Da para tanto el barrio de Canillejas o lo de Paco Gómez Escribano es como lo de Miguel de Cervantes, que, como sabe quien ha visitado el Toboso, casi todo lo pone el escritor?... Eso es algo que me he preguntado yo algunas veces. 

Pero he vuelto a salir de dudas tras leer la última novela de Paco Gómez Escribano, Después de la derrota (Ed. Alreves).

Una vez más el riesgo que asume el autor en esta novela no está tanto en la trama como en el personaje protagonista, y en el hecho de que dicho personaje habla y piensa exactamente como habla y piensa un yonqui alcohólico enganchado a la derrota… ¡Pero hablemos de la trama!

Esto es la historia del Nico y “los tarados”, una banda de atracadores en un banco, aunque, en realidad, es la historia de El Chule, un delincuente muerto al que recuerda como quien hace memoria histórica del barrio su amigo Zip.

Zip (Cipriano) es un periodista frustrado que abandonó hace años la profesión por problemas con las drogas y con la disciplina. Ahora, en su edad madura, regenta un hostal que recibió en herencia de su familia desestructurada. Y una mañana, al regresar del entierro del Chule, ese ex-presidiario amigo suyo, se acerca al banco a ingresar efectivo, y entonces es testigo y rehén de un atraco. ¡Y resulta que el líder de los atracadores es Nico, el hijo del Chule, que, junto a dos compañeros (los tarados), se ha atrincherado en el banco mientras llega la Policía! 

Esos atracadores son jóvenes toxicómanos en pleno síndrome de abstinencia, así que es Zip se halla en la obligación existencial de negociar él con la autoridad: lo hace aparentemente para que a los atracadores los maderos les pongan un minibús de huida, pero en realidad lo hace para que alguien salga vivo de allí. 

Y todo esto, como en unos microsegundos cargados de información que acontecen mientras parpadeas en un momento clave, le hace recordar a Zip el pasado de Canillejas, y su propio pasado. 

Y de ese modo el lector conoce a personajes brutales reales e inolvidables como el Chule (del cual hay un perfil periodístico dentro de esta novela, pues una de las claves de la novela es la diferencia sutil entre como aborda lo delincuencial un periodista de crónica negra, y como lo aborda un novelista crook storie). Y conocemos también así a otros personajes no menos singulares como la Marga (pareja de El Chule), y el Jaco, y la Cari, y, ya decimos, el Nico (hijo de El Chule y la Marga, y líder de la banda de atracadores con el mono)...

Pero lo mejor de la novela no es tanto la trama en el banco, que también, sino el  flash back imposiblemente onírico, tan propio de la mente de un ex-heroinómano por otra parte (“qué pedo más guapo que empiezo a tener” lo llama a esto el narrador). Y es que tal “sobredosis de paranoias y recuerdos” está escrito en una magistral segunda persona, y ahí es donde Zip dialoga con El Chule con nostalgia y clarividencia sobre el pasado, esto es, sobre los viejos paisajes y viejas prisiones que les unieron, y, al hacerlo, poco a poco lo entiende todo, y nos lo hace entender todo…

¿Aquella época de chabolas, sueldos de miseria, cártelesde gitanos y quinquis, atracos, pobreza y el genocidio de la heroína se acabó ya en Canillejas pero ha dejado su poso en el barrio? ¿E igual que ha dejado su poso en el barrio lo ha dejado en Zip,? ¿Y por ese poso que deja la superación de la miseria esto se titula Después de la derrota?

El caso es que esto es la historia brillante y amarga, real y alegórica, social y vital, currada y asombrosamente natural, de Zip, un superviviente. Pero, ¿un superviviente de la heroína reconvertido en alcohólico que acaba de enterrar a un amigo expresidiario y sin comerlo ni beberlo se ve inmerso en el atraco de un banco es la idea que se tiene en Canillejas de un superviviente?

En efecto esto es la España real narrada con talento, con sutileza, con gracia, con potencia política, con originalidad y con dos cojones…

Por eso Paco Gómez Escribano es, a nuestro juicio, el gran talento de la novela negra española genuina de hoy en día.

De hecho no pocos creemos que, cuando la moda de la novela negra colonizada (esto es, la novela negra enigma y el thriller) pase, y la novela negra española intente recuperarse y volver a sus esencias, se hablará de Paco Gómez Escribano como hoy hablamos de Carlos Pérez Merinero o Manuel Vázquez Montalbán

Sí, se hablará de Escribano como el autor de un puñado de novelas negras que no pueden llevar más que su firma.

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